1. Antecedentes

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1 antecedentesDurante la última década, la preparación para las emergencias, la reducción del riesgo de los desastres y la respuesta humanitaria de la comunidad a los desastres, se han convertido en una industria en crecimiento, con muchos nuevos actores que ingresan al campo y los antiguos, que renuevan, fortalecen o adaptan su compromiso; esto no siempre ha sido así. Durante muchos años, relativamente pocas agencias, organizaciones e individuos del sector salud se involucraron en la preparación para los desastres, el alivio y la respuesta.

De hecho, la expresión “reducción del riesgo de desastre” aún no se ha convertido en algo común. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente, lo que hace imperativo avanzar en los esfuerzos para alcanzar y trabajar con una amplia variedad de socios internacionales para el desarrollo y con agencias humanitarias. Esto requiere una colaboración proactiva con socios externos, desde cuerpos regionales para el manejo de desastres, hasta agencias de financiación, agencias de la ONU y otros cuerpos internacionales. El sector salud en América Latina y el Caribe –y, de hecho, mundialmente– es ahora capaz de explorar nuevos enfoques e iniciativas mediante asociaciones y alianzas con un amplio espectro de actores.

Muchos factores han contribuido a aumentar el número de actores que están trabajando ahora en este campo. Estos factores incluyen, pero no se limitan, a los siguientes:

  • Una mayor conciencia de la reducción del riesgo de desastres, en parte gracias a la adopción del Marco de Referencia de Hyogo (Hyogo Framework of Action, HFA). Las Naciones Unidas designaron la década de los noventa como la Década Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales y, a finales de la misma, en el 2000, se creó la Estrategia Internacional de la ONU para la Reducción de los Desastres. Como resultado, la conciencia política y pública del costo socio económico de los desastres creció de manera importante. Esto culminó con la adopción del Marco de Referencia de Hyogoen la Conferencia Mundial para la Reducción de los Desastres, en enero de 2005. (El impacto catastrófico del tsunami de diciembre de 2004, que ocurrió justo unas semanas antes de esta conferencia mundial, ayudó a enfocar la atención mundial en estos importantes asuntos).

  • Los medios masivos de comunicación (en todas sus formas) han tenido un efecto significativo en aumentar el interés y la conciencia frente a los asuntos relacionados con la reducción del riesgo de desastres y la ayuda humanitaria. Las tecnologías de la comunicación han reducido el tiempo que se requiere para alertar mundialmente a las personas sobre las noticias de un desastre o una emergencia, desde horas o días a sólo minutos. La creciente popularidad de las redes sociales (como Facebook o Twitter, por nombrar sólo dos) o las muy utilizadas listas de distribución, está teniendo un impacto similar.No sólo se están usando para compartir noticias rápidamente con un grupo específico de usuarios que tienen intereses en común, sino que también se están convirtiendo en poderosos vehículos para el cambio. Nótese cómo las redes sociales se están usando para intercambiar información sobre desastres.

  • Las prioridades y acciones superpuestas relacionadas con la ayuda, la recuperación y la reconstrucción: las fases del ciclo del desastre hacen parte de un continuo. La recuperación y la reconstrucción comienzan de inmediato, luego del impacto. Cada vez más, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones internacionales de financiación, están listas para comenzar el proceso de recuperación poco después del impacto del desastre – al mismo tiempo que la respuesta a la emergencia. Los actores de la respuesta y los coordinadores deben tener esto en cuenta. Los actores humanitarios deben considerar la naturaleza evolutiva del desarrollo de las actividades de recuperación y aceptar los consejos de las agencias que se especializan en la recuperación y la reconstrucción; el manejo y la reducción del riesgo deben ser componentes de cualquier proceso de recuperación.

  • Redefinición de lo que constituye un desastre o una emergencia. Durante décadas, el término “desastre” se refería casi siempre a un fenómeno “natural”, como un terremoto o un huracán. Hoy en día hay muchas otras emergencias o crisis en salud que sobrepasan la habilidad de un país para superarlas –eventos en salud pública de interés internacional, como las pandemias, los accidentes biológicos, químicos o radiológicos, conflictos civiles que resultan en el desplazamiento de grandes grupos de población, junto con los problemas de salud pública y los actos de terrorismo consecuentes. Cada tipo de emergencia pone en funcionamiento una amplia cantidad de actores.

  • El rol cambiante de las instituciones internacionales de financiación, que cada vez están más comprometidas en brindar apoyo técnico, así como también financiación después del desastre para la recuperación y las actividades de reconstrucción mencionadas anteriormente. Algunas de ellas están haciendo una inversión sostenida en la preparación para los desastres y la reducción del riesgo, con el ánimo de prevenir desastres futuros o recurrentes. La Institución Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (Global Facility for Disaster Reduction and Recovery) (véase la siguiente sección sobre los socios multisectoriales) es un ejemplo de este rol cambiante.

  • El Reglamento Sanitario Internacional: Desde 2007, los países están siguiendo las Regulaciones Internacionales en Salud revisadas. Este acuerdo legal contribuye a la seguridad mundial en salud pública al proveer un nuevo marco para coordinar el manejo de los eventos que pueden constituir una emergencia en salud pública de interés internacional. Las RIS (IHR) mejoran la capacidad de todos los países de detectar, evaluar, notificar y responder a las amenazas a la salud pública. Se debe leer más sobre lo que significa el Reglamento Sanitario Internacional para los que manejan los desastres.

  • La Reforma Humanitaria de las Naciones Unidas: el U.N. Inter-Agency Standing Committee (IASC) de la ONU es el mecanismo principal para la coordinación entre agencias de asistencia humanitaria. El IASC, compuesto por la ONU y otras agencias, ha cambiado la forma como se coordina y presta la asistencia humanitaria. La Reforma Humanitaria de la ONU se asumió para mejorar mundialmente la efectividad de la respuesta humanitaria a las emergencias y los desastres y se discute más adelante en este capítulo.

Dados estos factores, la creciente importancia de las asociaciones relacionadas con los asuntos de la reducción del riesgo de desastres y la salud es ampliamente reconocida, así como la necesidad de una coordinación sólida, particularmente en el contexto rápidamente cambiante de la respuesta humanitaria. Una comunicación más abierta y mejor entre todos los actores ayudará a garantizar que los esfuerzos no se dupliquen, que las brechas en la asistencia se minimicen y que no se hagan exigencias inapropiadas a los socios nacionales, que ya funcionan con recursos limitados.

Este capítulo explora las razones para el establecimiento de asociaciones y alianzas, con el propósito de lograr el mayor impacto posible para el sector salud en la reducción del riesgo de desastres y la respuesta humanitaria. Explora algunos de los actores clave (nacionales, regionales e internacionales) que están involucrados en este campo y examina el impacto de la Reforma Humanitaria de la ONU en el manejo de los desastres y las emergencias. Esta sección también toca el tema de la asistencia internacional de ayuda para las emergencias en el periodo subsiguiente a los desastres, lo que incluye principios, estándares y guías comunes, y analiza varias alianzas existentes, para mejorar la forma en que se está entregando la ayuda.

Ver creación de asociaciones y alianzas sólidas