5. Resumen

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Durante la última década, hemos presenciado un enorme crecimiento en el número de agencias, organizaciones e individuos que trabajan en el campo de la preparación para los desastres y la reducción del riesgo, así como también en la respuesta humanitaria a los desastres.

Esto ha sucedido gracias a varios factores, que incluyen reformas hechas dentro del sistema de las Naciones Unidas y entre las agencias mundiales de desarrollo y ayuda, y a una mayor competencia de muchos gobiernos nacionales para encargarse de la reducción del riesgo y la preparación para las crisis y las emergencias, así como también para actuar como proveedores de ayuda humanitaria. 

Todos estos actores están buscando formas de manejar el ambiente externo y la proliferación de actores apunta a que las asociaciones estratégicas y las alianzas son más importantes que nunca para tratar los asuntos colectivos de salud pública, promover la compartición de los costos, e impulsar las sinergias y la cooperación donde se requieran.

Las alianzas y asociaciones pueden basarse en el conocimiento o ser operacionales. Sin embargo, son más exitosas cuando existen redes anteriores y se han establecido normas compartidas y estándares, en especial en épocas normales. Esta colaboración tendrá un impacto positivo en la ayuda posterior al desastre, lo que incluye el manejo de donaciones apropiadas para las víctimas de los desastres. Ya existen muchas guías conjuntas y estándares en este campo. Aún más importante es que, haciendo que la reducción del riesgo de desastres sea incumbencia de todos, hay una mayor probabilidad de que podamos reducir efectivamente el impacto de los riesgos en la vida de la gente.